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Balance Informativo | November 11, 2018

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Nacho... |

Nacho…
Elsa Lopez

Calificación

Utilidad
6
Información
6.5
Calidad
10
7.5

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Todo empezó aquella tarde de encuentro cargado de vivencias, en esos lapsos de añoranzas, de nostalgias que invaden el momento y así se fueron desempolvando aquéllas imágenes frescas del pasado que celosamente se guardan en la caja de cristal de nuestros recuerdos…

-¡Como extraño a Nacho! – Me Dice en un momento de sensibilidad y añoranza de su pasado, aquél hombre arrogante, de voz fuerte como látigo, aquél que parece de piedra pero que con los años acumulados sobre su cuerpo, hubiera dado algo de sí mismo para tener de frente y contar el ayer con risas a su entrañable amigo de la infancia Nacho.

Como todo niño de clase (así decía su mamá) Pepito vestía la usanza de su tiempo, su impecable bien lavado y planchado pantaloncillo corto y tirantes. Vivía en una calle de una ciudad colonial, misma que contrastaba con un suburbio cercano a su casa, dónde se asentaba una colonia de humildes obreros hacedores de zapatos.

Pepito no entendía (como decía José Alfredo Jiménez) eso de las clases sociales, no sabía el significado de la palabra tan insistente de su madre… ¡Esa clasecita!…. Tan no lo entendía, que en los descuidos de su tan recalcitrante pero adorada madre, corría desaforado a una humilde casa de tejabanes de lámina a buscar a un ser entrañable que hasta los recuerdos más lejanos de su vida adulta lo llevaría en mente: Era su amigo Nacho.

Nacho no iba a la escuela y Pepito dio por hacer las famosas “pintas” para ir a la aventura en compañía de su amigo inseparable…. Al menor descuido se escabullía del parvulario y corría desaforadamente a casa de su amigo.

-¡¡¡Nachooo, Nachooo, ya estoy aquí !!! – al momento que ingresaba a la humilde casa de su amigo. Era ya cotidiano saludar al padre de Nacho, que siempre sentado en un banco, sonreía y entre su boca, como dientes de acero, se acomodaban uno a uno pequeños clavos de zapatero remendón. Para Pepito era ya un común referente el olor a cuero y pintura de esa humilde casa, casa de obrero zapatero, oficio ordinario de la ciudad de León, que contrastaba a la suya, fina e inmaculada, pero, ¿acaso en la mente de un niño esas cosas son importantes, cuando la máxima presea del tiempo es la felicidad?

Nacho tenía en su familia muchas carestías, pero la naturaleza le hacía regalos que de manera noble compartía con Pepito. Era pródigo, inmenso, educante en esos haberes de la chiquillería y aunque le dolían las plantas de los pies por las suelas de los zapatos agujerados, compartían como buenos amigos aquellas correrías.

Y así empezó su vida de “CALLE”, si, con MAYUSCULAS, nunca imaginó Pepito su futuro de Ingeniero, pues a su corta infancia practicaba la tan divertida tarea de trazar calles, esas calles de tierra y sin aceras de un lado, haciendo agujeros aquí y allá para jugar con sus canicas, los empedrados servían de colchonetas que mas de alguna vez dejaron marcas en sus rodillas.

Ahhh! cuando llegó aquél cine casero hecho a base de dibujos montado en un trapo colgado a manera de pantalla y como delincuentes se colaron bajo la carpa, para colocarse posteriormente sin ningún pudor en primera fila.


¡Fue la mejor escuela de la vida! Allí Pepito aprendió de política social, la ventana al otro mundo, el de los despojados, el de los que no tienen nada pero que gozan mucho y… La escuela… Ah, si la otra escuela!!! la de los libros, allí separaban a las chicas de los chicos, entre medio que leía, entre que medio entendía de historia, literatura, murales y mapas, ¡Que de cosas había que sortear cuando era más importante ir en busca de una nueva aventura así fue que conformaron una pandilla. 

Orgullosamente formaron una pandilla, se armaron con resorteras y pistolas de trikis. Que de atracos a despoblado, que de aventuras a esa corta vida!!! Como el de hacerse pasar por indigentes y pedir dinero en las calles, de comprarse una bicicleta en la que aprendieron a montar a porrazos tirándose de las cuestas, hasta que mas de alguna buena y noble señora hizo llegar la información a su madre y que de receta, fue la impresión completa de su zapatilla. A partir de alli, le implementaron la formación de los deberes. 

Pepe y Nacho fueron creciendo, sin dejar su amistad aunque fuera a escondidas… Pero un día, Don José anunció que se iban a radicar a la ciudad de México, dejando Pepe atrás la historia de una infancia bien vivida….

… Han pasado 59 años y aquì estoy con Pepe, escuchando su historia, quièn dando un sorbo a la copa de un buen vino ha dicho -¡Como extraño a Nacho! – Porque en este momento despojado de cualquier sentido de clase, ese hombre reconocía que en su historia personal, de lo más puro, desinteresado y transparente, la amistad de Nacho fuè uno de los mejores regalos que le ha brindado la vida.

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